Y ella dijo basta
Un recóndito y estrecho lugar donde los diagnósticos del Doctor Robert campan a sus anchas. Pasen y lean con que ojo clínico disecciona el mundo pagado de sí mismo. Y si no se quieren pasar, de todas formas lean. Lo del 27 es un asunto personal que viene de muy lejos entre el número y el facultativo.
sábado, 1 de diciembre de 2012
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Mensaje anulado
Quiero que sepas que ya me esperaba
que esto ocurriera y que no pasa nada,
sólo me da la razón, y que he estado aprendiendo
de cada momento que he estado contigo.
Y pienso aplicar contra mis enemigos
tus tácticas sucias de acoso y derribo,
que también he sacado algo bueno
de todo este enredo.
Y quiero que sepas
que espero que acabes
colgando de un pino
cuando veas lo imbécil que has sido,
cuando veas que lo has hecho fatal.
Y que quiero que sepas
que ha sido un infierno,
estando contigo
el infierno es lo más parecido,
te pareces un poco a Satán.
Quiero que sepas que me he acostumbrado
a tus putas escenas de "ahora me largo".
Lárgate ya de verdad que sería una suerte
si no vuelvo a verte en los próximos años.
Por mí que podías tirarte de un tajo
que ya lo que hagas me trae sin cuidado.
Si me pongo a pensarlo un momento
creo que lo prefiero..
Así que ya sabes
que espero que acabes
pegándote un tiro
cuando veas lo imbécil que has sido,
cuando veas que lo has hecho fatal.
Y que quiero que sepas
que ha sido un infierno,
estando contigo
que por poco no acabas conmigo,
pero soy difícil de matar.
Y que quiero que sepas
que ha sido un infierno,
estando contigo
el infierno no es tanto castigo,
te pareces bastante a Satán.
que esto ocurriera y que no pasa nada,
sólo me da la razón, y que he estado aprendiendo
de cada momento que he estado contigo.
Y pienso aplicar contra mis enemigos
tus tácticas sucias de acoso y derribo,
que también he sacado algo bueno
de todo este enredo.
Y quiero que sepas
que espero que acabes
colgando de un pino
cuando veas lo imbécil que has sido,
cuando veas que lo has hecho fatal.
Y que quiero que sepas
que ha sido un infierno,
estando contigo
el infierno es lo más parecido,
te pareces un poco a Satán.
Quiero que sepas que me he acostumbrado
a tus putas escenas de "ahora me largo".
Lárgate ya de verdad que sería una suerte
si no vuelvo a verte en los próximos años.
Por mí que podías tirarte de un tajo
que ya lo que hagas me trae sin cuidado.
Si me pongo a pensarlo un momento
creo que lo prefiero..
Así que ya sabes
que espero que acabes
pegándote un tiro
cuando veas lo imbécil que has sido,
cuando veas que lo has hecho fatal.
Y que quiero que sepas
que ha sido un infierno,
estando contigo
que por poco no acabas conmigo,
pero soy difícil de matar.
Y que quiero que sepas
que ha sido un infierno,
estando contigo
el infierno no es tanto castigo,
te pareces bastante a Satán.
lunes, 8 de octubre de 2012
En el camino está el hogar
"Salí para encontrar el hogar que había dejado hacía tiempo, y no podía recordar exactamente dónde estaba, pero se hallaba en el camino. Y al encontrar lo que encontré en el camino todo era tal como lo había imaginado. En realidad, no tenía ninguna ambición, no creo que tuviera ambición para nada.
Nací muy lejos de donde se supone que debo estar, y por lo tanto voy camino a mi hogar."
miércoles, 8 de agosto de 2012
El tiempo de nuestras canciones
Qué nos va a pasar
Cada día trato de acertar por dónde saldrás;
eso es tanto como adivinar qué nos va a pasar.
Has estado, hace tiempo, algo raro por momentos.
Me pregunto algo inquieta qué nos va a pasar.
No recuerdo cuándo decayó la conversación
ni el punto en que dices tú que algo cambió.
Sin embargo, mientras tanto, yo me guardo la esperanza
y las cosas que en la plaza nos dijimos hoy.
Ahora que te vas pediré perdón y dirás que no
y estará muy bien, ya sabes por qué.
Yo me esconderé, ahora que te vas,
ya no saldré más; dime para qué, si no te voy a ver.
Sin embargo, mientras tanto, yo me guardo la esperanza
y las cosas que en la plaza nos dijimos hoy.
Ahora que te vas pediré perdón y dirás que no
y estará muy bien, ya sabes por qué.
Yo me esconderé, ahora que te vas,
ya no saldré más; dime para qué, si no te voy a ver.
Cuando pase el tiempo conocerás a alguien más
y me olvidarás, y es que es lo normal.
Aunque nos dé rabia siempre ocurre igual
y nos esforzamos en disimular.
miércoles, 11 de julio de 2012
miércoles, 27 de junio de 2012
Círculos viciosos
¡No lo limpies! Déjame conservar mis círculos del vicio. El círculo es la figura geométrica perfecta, sin fin ni principio. Estoy seguro al transitar en equilibrio por tu redondez sin aristas. Ignoro los peligros que supone tu múltiple presencia, la que dicta mi sentencia. Ante mis ojos se asoma el abismo, y yo ¿qué hago? Bebo, bebo cuando los días me sacan de quicio.
¡Véte! Déjame a solas con mi amada de curvas peligrosas. Es mía, no la comparto. La cuido, la mimo. La arropo en insólitos escondites porque su visibilidad es mi vergüenza. Ante mis ojos se presagia el abismo, y yo ¿qué hago? Bebo, bebo para no ser yo mismo.
Por la borda lanzo los sacos de arena. El globo se alza. ¡Me elevo! Me siento preparado y ya no soy un tipo corriente. Soy uno de los grandes genios. Soy Picasso pintando la guerra incivil. Soy quien acaba el réquiem de Mozart. Ante mis ojos se intuye el abismo, y yo ¿qué hago? Bebo, bebo en una huida en defensa propia.
Por la noche es diversión, por la mañana es mi medicina. A un fin de semana perdido le sigue un día sin huella. Beber es pecado, rendición del juicio. Ante mis ojos, los otros ven el abismo, y yo ¿qué hago? Bebo, y me rindo en un gesto de nostalgia hacia un pasado inventado.
miércoles, 20 de junio de 2012
jueves, 7 de junio de 2012
Pucaj tricu
La estampa me conmovió, por lo familiar. Unos chiquillos juegan al baloncesto en una vieja canasta. El chirriante sonido de las zapatillas rasgando el suelo hace que me detenga a observarles. Me quedo ahí, pensativo. La inevitable renovación de la vida, los niños. Mi metro noventa y siete causa extrañeza e impresiona a los pequeños, que me miran de reojo con recelo.
La pelota rebota en el aro y aterriza a mis pies. Con un rápido movimiento ya es mía. El olor a cuero y la adrenalina de otro tiro crucial casi humedece mis ojos. Ahí estoy yo, cara a cara con aquel aro desafiante, con su red cayendo como una bonita y provocativa falda. Un aro sin red es como un fin de año sin brindis: triste y solitario. No es nadie sin su complemento esencial.
Todo parece bajo control: distancia que vale por tres, lengua fuera, apunto, salto en suspensión. La yema de mis dedos hace volar la pelota en rotación surcando el cielo en una parábola perfecta. ¿Será receptivo o se tratará de un aro frígido e inexpugnable que no sucumbe ni ante los encantos del mejor tirador?
Diecinueve años después del último lanzamiento compruebo que algunas cosas se empeñan en no cambiar: la pelota penetra en el aro limpiamente acariciando la red que emite una especie de susurro femenino, al levantarse la falda y dejar al descubierto las vergüenzas del impotente aro.
-"¡Vaya suerte!", exclama con cierto tono despectivo el más alto de los niños. Ese resentimiento del grandullón es universal y perpetuo. Los pívots siempre me parecieron unos amargados, quejándose continuamente porque no recibían el balón. Pobres infelices, nunca entendieron que estaban allí únicamente para defender, coger rebotes y bloquear. Nunca conocerán la gloria del triple anotado en el último suspiro, de ahí su enfado permanente.
-"Tu cara me suena", afirma el niño más prometedor, chocándome la mano en un guiño cómplice entre escoltas. Los dotados de un talento innato se reconocen y respetan. De chaval ya poseía la curiosa habilidad de advertir quién iba a constituir la mayor amenaza del equipo contrario. Y en apenas cinco minutos, fijándome en lo gestos y movimientos de aquellos niños supe que aquél en concreto era especial.
-"Es que la muerte me sienta bien", ironizo ante la mirada atónita de los niños.
La muerte me arrebató el fervor de las gradas, a cambio del elixir de la juventud eterna, de mantenerme joven en el recuerdo.
Me despido con mis peculiares y vagos andares y su braceo característico, consecuencia de unos pies cansados de soportar el peso del mito, de haberme convertido en símbolo de un país, y esto sí que deviene paradoja, que apenas vi nacer. Estos pies no olvidan el camino y se acercan a la casa donde reponían fuerzas para la siguiente batalla. Una vez allí comprobaré qué tal le va el día a la buena de Biserka.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Sobre el oficio de escritor y las gafas de sol
Cuando en aquel japonés la chica a la que le dio por correr insistió en que lo único que debía hacer era escoger un tema, escribir sobre él y esperar a que la inspiración fluyera, libre de obstáculos, en un viaje revelador desde el hemisferio derecho del cerebro hasta las yemas de los dedos, no pude más que fruncir el ceño y pensar sobre ello.
La chica a la que le dio por correr parecía plenamente convencida del método a seguir, y lo corroboró con la inestimable ayuda de su penetrante mirada. Uno, si era capaz de aguantar el escrutinio de aquellos ojos, ya tenía mucho ganado.
Así que, intentando asimilar el consejo y confiando en el milagro, abrí la libreta. Me quedé mirando la página en blanco. No tenía ni idea de cómo empezar y si iba a salir airoso del desafío. El objeto del ejercicio no consistía en escribir algo concreto, sino en demostrarme a mí mismo que era capaz de escribir: lo que significaba que no importaba tanto lo que escribiera como el hecho de escribir algo. Difícil tarea para alguien que tiende a divagar y a perderse por los entresijos de la dispersión.
Cualquier frase servía, pero mi elevada autoexigencia y mi desmedido respeto por la letra impresa me impedían cometer una estupidez, de modo que me quedé esperando frente a la página milimetrada, desconcertado ante las líneas de tenues tonos grises.
Minutos más tarde alcé la vista buscando una salida. Tal vez la chica a la que le dio por correr debió ser más explícita.
martes, 15 de mayo de 2012
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