Un recóndito y estrecho lugar donde los diagnósticos del Doctor Robert campan a sus anchas. Pasen y lean con que ojo clínico disecciona el mundo pagado de sí mismo. Y si no se quieren pasar, de todas formas lean. Lo del 27 es un asunto personal que viene de muy lejos entre el número y el facultativo.
jueves, 23 de febrero de 2012
La mirada del otro
No deseamos que nuestra intimidad quede retratada en paños menores, y es lícito defender aquello que nos pertenece.
Pero, a veces, unos ojos ajenos y perturbadores son necesarios para hacernos ver que el contenido es más valioso que el continente.
sábado, 18 de febrero de 2012
Toxicosmos o lo que la verdad esconde
Mucho cuidado con lo que piensas, ten mucho cuidado con lo que dices y con lo que haces, no vaya a ser que la verdad te sorprenda y vomite todas las miserias que acompañan a la condición humana.
Intentar descifrar la verdad en un mundo podrido de gente nociva significa quedarse sólo. No interesa que se hurgue en los sórdidos asuntos que disfrazan la realidad. Te convertirás en un sujeto incómodo.
La verdad es escurridiza, no se deja ver fácilmente porque se ha vuelto desconfiada, harta de que tanta boca embustera desprestigie su nombre. Ha echado la llave y no quiere saber nada del género bobo, es casi inaccesible, y para dar con ella hay que pagar un precio muy alto. Suele ser discreta, no pregona que es especial hasta que le dedicas tiempo, hasta que le tomas afecto. Entonces te revela su importancia, tristemente menguante en estos tiempos.
Recientemente he releído un librito de Nietzsche en el que, entre otras cosas, viene a decir que el hombre prefiere que le manipulen, que le engañen, antes que una verdad le perjudique y le saque los colores.
El intelecto humano se desenvuelve bien fingiendo. ¡Menudo desperdicio!
Buscando la verdad, Nietzsche se topó con el hombre y sus mentiras. No me extraña que se desilusionara y enloqueciera.
"El hombre necesita la verdad,un mundo que no se contradiga,que no falsee nada, un mundo-verdad…"Friedrich Nietzsche
sábado, 11 de febrero de 2012
Madrugones subrepticios
Debo de estar mejorando mi manera de dormir. Cuando desperté nada me dolía y mi cuerpo no estaba entumecido.
Hoy es festivo, y en estos días intento madrugar un poco y preparar la mañana. Necesito que mis reflexiones se empapen de silencio antes de que el mundo se incline por el bullicio.
Blackbird duerme, por lo que trato de ser sigiloso en la penumbra. Palpo con sumo cuidado la mesita de noche con el fin de toparme con las gafas sin dejar una huella digital en los cristales. Sería una forma desastrosa de empezar el día.
Salgo de la habitación, entro en el lavabo y compruebo en el espejo que la noche ha sido traviesa con mi pelo, pues está apuntando hacia direcciones inverosímiles. Postergo la micción por culpa de un endurecimiento no deseado que me impide afinar la puntería con garantías hacia el interior del inodoro.
Lo primero que haces por la mañana puede condicionarte el resto del día. Yo me bebo un vaso de agua. Como una especie de bautismo interior.
Soy de los que utilizan el pequeño utensilio circular y agujereado que sirve para prensar el café en la cafetera. Mientras la vitro trabaja a ritmo lento me dedico a esperar el gran momento: aquél en el que la cafetera empieza a moquear y jadear.
En los días festivos mis movimientos son deliberadamente pausados, como si retase a duelo a las prisas y ritmos vertiginosos de la vida cotidiana. Permanezco en la cocina sentado en el taburete orientado hacia la ventana, oliendo y recreándome en el café, a la vez que observo la quietud del patio a través de los huecos de la cortina laminada. Ése es uno de los mejores momentos del día: el café y yo, envueltos por mis pensamientos.
Asimilada la droga, ya estoy listo para una ducha reparadora. Adoro el invierno y el zumbido del calefactor en el baño. Miro hacia abajo y la flacidez me recuerda que ya puedo vaciar la vejiga sin temor a fallar. Debajo del chorro de agua caliente mi mente es capaz de evadirse en la más singular de las cavilaciones: hoy decido que el abedul y el cinamomo son mis árboles preferidos. Desconozco sus diferentes características, si sus hojas son perennes o deciduas. Pero sus nombres son preciosos. Y con eso me vale.
Ya ha pasado más de tres cuartos de hora y puedo atestiguar que ha merecido la pena. Y todavía dispongo de tiempo para acomodarme en el sofá, con forma de pieza de tetris, a disfrutar de mi última adquisición novelada: un libro que me da lo buenos días cada vez que lo abro y donde las pequeñas tareas rutinarias y domésticas se convierten en algo apasionante.
Un ruido conocido al otro extremo del pasillo me hace levantar la vista. El reloj marca las diez y veintisiete, la hora en la que Blackbird se despereza y comienza a extender sus alas. Las mismas que me sacan de mi ensimismamiento.
miércoles, 1 de febrero de 2012
El corte de UCLA
Trato de recomponer mi historia, de dónde vine y en lo que me convertí.
Era el capitán del Pequod, auténtica osadía y pura pasión. Era la mujer con el largo vestido blanco, era la novia, a la que todos miran. Era bebedor de vino de color rojo sangre. Era la sustancia de la que está hecho un poema.
Era la chispa, hoy soy el fósforo que se consume. Era una ingenua ignorancia, ahora escojo no saber como herramienta de supervivencia. De niño tuve forma de pupitre desordenado, de adulto soy el maestro que penaliza la rebeldía.
El miedo hizo de mí recluta ejemplar, el miedo ha hecho de mí un sí a todo, un docto en la obediencia. Era el sexo sin freno, un sábado por la noche. Cabecear delante del televisor, tras una jornada laboral sin fin, es lo que hoy me determina. En la víspera fui dueño de mi tiempo; en la aurora, como Gregor Samsa, despierto siendo un bicho raro, encorsetado por un cuerpo quejoso.
Era el escolta, el guitarra solista. Al que buscaban cuando el partido no se define. El que se jugaba el último lanzamiento, el que encestaba para ganar. En la victoria era la bacanal de Roma, era yugoslavo; en la derrota soy el amante, que solo y apenado confía en una próxima cita. Era el partido, ahora sólo entrenamiento.
Desubicado y necesitado de conversaciones sugerentes, el tiempo me hizo un experto, un experto en ver pasar el tiempo.
En mis sueños aún ejerzo de escolta, en mi realidad descanso en el banquillo.
domingo, 22 de enero de 2012
Mostar
Tendrá que ver con la guerra
Tendrá nombre de puente
Tendrá que ver con la muerte
Que invadió a toda una tierra.
Cementerio improvisado en la cuneta
Edificio con rostro de metralla
Bosnio, serbio o croata
Y mientras, el mundo calla.
¡Salta niño, salta!
Que el Rey ya anuncia su ocaso
Báñate en las lágrimas
De un pueblo sin alba.
Tendrá que ver con el agua
Ayer color esmeralda
Tendrá que ver con el odio
En la antigua Yugoslavia.
Cementerio improvisado en la cuneta
Edificio con rostro de metralla
Bosnio, serbio o croata
Y mientras, el mundo calla.
¡Salta niño, salta!
Que el Rey ya anuncia su ocaso
Báñate en las lágrimas
De un pueblo sin alba.
Tendrá que ver con el agua
Ayer color esmeralda
Tendrá que ver con el odio
En la antigua Yugoslavia.
domingo, 15 de enero de 2012
lunes, 9 de enero de 2012
El arte de tomárselo con calma
La idea es como sigue: la vida es corta y complicada y nadie sabe qué hacer al respecto. Así que no hagas nada al respecto. Sólo tienes que tomarlo con calma, hombre. Deja de preocuparte tanto. Relájate con los amigos y unas cervezas, y haz lo mejor para ser fiel a ti mismo y a los demás. ¡Encuentra tu elemento!
A grandes rasgos esta es la filosofía de vida de un tipo singular, el campeón de los holgazanes. Pero cometeríamos un grave error si pensamos que el Nota es un nihilista, porque tiene creencias e inquietudes: se preocupa por su alfombra, por su coche y las cintas de los Creedence, disfruta de una buena partida de bolos con Walter y Donny... en fin, las típicas cosas que nos importan a todos, a los occidentales "desarrollados" claro. ¿Por qué a quién le importa la guerra infinita de Somalia, el calentamiento del planeta o los negritos del África? ¿O los putos Eagles?
domingo, 1 de enero de 2012
Feliz €uroaniversario
El plan deviene perfecto. La estrategia no contiene fisuras.
Después de una década de despotismo monetario resulta muy ilustrativo que lo único que podemos hacer más barato es ver la tele. Es un gran índice para calibrar el grado de atontamiento de una población. Ciudadanos pegados al artefacto que mejor embauca con la excusa del entretenimiento.
Por lo visto, no ser feliz está mal visto. Claro que el concepto de felicidad es sospechoso: cuando depende del tamaño y de las posibilidades de un televisor es que algo va mal.
Y lo peor aún está por llegar cuando el euro se adentre en esa etapa tan convulsa que es la adolescencia, bueno si no lo matan por el camino los mismos que le hicieron nacer. Miedo me da, tendré a mano los ansiolíticos.
Lo han conseguido, con nuestro consentimiento. Somos más pobres por fuera y por dentro.
Pero tenemos una tele HD y XXL.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Tardes en Aquitania
Con impaciencia aguardaba a que fuera miércoles. Ávido como estaba de conocer a los clásicos, cada semana me dejaba embriagar, dispuesto a que me impartieran lecciones en sesión doble. ¡Y al módico precio de 300 pesetas! Iba a ir a la esencia, apartado de modas que dictan lo que hay que pensar.
Adquirí nuevos conocimientos y nuevas sensaciones.
Fascinado, supe que la sensualidad era quitarse un guante; asombrado, averigüé la terrible historia que se escondía detrás de "Rosebud"; cogidos de la mano, acompañé a Norma Desmond en su largo y sinuoso camino hacia el olvido; fui consciente de los graves peligros para la salud que conlleva una partida de ajedrez contra la Dama Negra, la que nunca pierde; temeroso, descendí al corazón de las tinieblas y el coronel Kurtz me enseñó las miserias de la condición humana; y como buen marxista, soñé con la posibilidad de la existencia de un país de gansos, loco y divertido, pero a la vez justo.
Con la llegada arrogante del euro, deserté. Y la Filmoteca pasó de ser una necesidad a convertirse en un recuerdo. Ahora ha cambiado de ambientes, la han acicalado con un vestido más bonito y moderno.
Yo me quedo con sus viejos harapos y con mis recuerdos.
sábado, 10 de diciembre de 2011
¡Qué noche la de aquel día!
Opté por dejar pasar los días y confiar en que el otoño hiciera bien su trabajo y proporcionara una sólida capa de hojas que fueran amortiguando, ablandando el tremendo impacto, y que las emociones incandescentes de aquel subidón comenzaran a enfriarse.
Pero ha pasado ya un mes y mis sentidos continúan aturdidos, en plena combustión. El tiempo no lo mitiga todo.
Aquella noche lluviosa de noviembre tuve una revelación: extasiado por el sonido más perfecto jamás soñado entendí la necesidad del arte como vehículo de expresión para hacer más estimulante la vida. Una experiencia como aquella hace más soportable la congoja de pensar el futuro.
Wilco es la abreviación de "Will Comply", es decir, "cumpliré" y es un término que se utiliza en las comunicaciones aeronáuticas: una de las locuciones especiales y frecuentes es Roger Wilco (Mensaje Recibido. Lo Cumpliré).
Aquella noche lluviosa seis músicos en estado de gracia enviaron su mensaje y nos enseñaron las infinitas posibilidades que conlleva tener inquietudes y a no tener miedo de dejarse llevar por ellas para ver lo que hay más allá. Porque la recompensa, quién sabe, igual merece la pena. Depende de cada uno saber recibir el mensaje y cumplirlo.
¡Qué noche la de aquel día!, una frase que evoca tiempos remotos, una época que no maltrataba a los soñadores. Una frase que se convertirá en pensamiento y cobrará vida dentro de unos años cuando recuerde la música de aquella noche lluviosa de noviembre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








