Un recóndito y estrecho lugar donde los diagnósticos del Doctor Robert campan a sus anchas. Pasen y lean con que ojo clínico disecciona el mundo pagado de sí mismo. Y si no se quieren pasar, de todas formas lean. Lo del 27 es un asunto personal que viene de muy lejos entre el número y el facultativo.
martes, 10 de abril de 2012
Los chicos siguen bien
Una partitura en lo alto de un piano en el laberíntico mercado de Camden, un número de teléfono comprometedor oculto en las tripas de un disco (del DISCO), una exposición fotográfica olvidada en un callejón que es un pellizco que te transporta a aquel revolucionario 1965, el año ideal para ser joven y soñador; la caja de sorpresas en que puede convertirse el zapping de un tedioso domingo por la tarde y que, al parecer, certifica la extraña paranoia sobre determinadas conexiones mentales.
La culpa la tienen los recuerdos. Esas canciones que, sin avisar y en cualquier lugar, asaltan repentinamente la memoria y cogen desprevenida a nuestra confiada retaguardia, que se creía protegida y a salvo de ataques traicioneros. Ese es el poder de la música: lo que puede llegar a remover.
Y ahora que la estadística se pone pesada y se empeña en recordarme una y otra vez que mi cuenta atrás se acerca a todo trapo, ahora que parece que de todo ya hace veinte años, y que me enorgullezco lo bastante de lo que sé para aceptar con modestia que hay muchas cosas que ignoro, ahora sé que podré contar de nuevo con ellos para intentar dar conmigo y descifrar en qué consiste esto de pertenecer a un mundo.
jueves, 29 de marzo de 2012
29-M y las persianas indecisas
Todos conocemos a los "bartlebys": son esos seres en los que habita una profunda negación del mundo. Yo mismo he pasado por mis períodos de pulsión negativa y atracción por la nada.
Hoy es un día atípico: muchos despertadores, cómplices con nuestro sueño, deciden callar eludiendo toda responsabilidad de iniciar la jornada. Su testigo lo recogen, a regañadientes, esas persianas metálicas que precisamente hoy adquieren un protagonismo inusitado, obligadas a bailar arriba y abajo al son de la proximidad de unos cánticos que proclaman indignación y justicia.
Esas persianas cortadas por la mitad son reflejo de muchas cosas: del miedo a fantasmas pasados, del miedo a ser dueños de nosotros mismos.
Hoy no es un día transcendental porque parece ser que todo el pescado ya está vendido, pero el progreso social es lo que nos identifica como ciudadanos. Ahí sí que se debería reaccionar y decir basta. Lo mismo da cómo estén las persianas hoy: ya se sabe, unos las verán subidas y otros bajadas; pero quizás las próximas generaciones, si levantan la cabeza de la consola, nos pidan cuentas por el estado de su bienestar y entonces nos saldrán los colores.
Es fácil dejarse llevar por la desesperanza. Los gobernantes nos quieren deprimidos porque pocas cosas resultan más gratificantes para los depresivos que las noticias malas.
Pero, como dice Cándido, nada es imposible.
En teoría, cuando marzo se vuelve abril, ganamos luz. Ya va siendo hora que esa luz nos guíe para salir de nuestra particular primavera desencantada.
lunes, 26 de marzo de 2012
Una tortilla a las finas hierbas
"Sostiene Pereira que esas pequeñas costumbres ayudan a vivir, la lectura del periódico, el no aspirar a mucho, sus necrológicas, y esos placeres que se concede para salvar tanta rutina, los versos de Lorca y su tortilla a las finas hierbas. Pero sostiene Pereira que a veces es la vida la que le sale a uno al paso y entonces no queda otro remedio que tomar partido."
miércoles, 21 de marzo de 2012
Todos somos putas
¿Quién es más puta? ¿La Mónica que vende su cuerpo, pero con una sonrisa cargada de dignidad, o yo que desprecio mi tiempo, que es lo único de que dispongo, a cambio de un trabajo frustrante y un sueldo deprimente con el fin de hipotecarme hasta la cejas?
martes, 13 de marzo de 2012
Cartas mentales
"Al hacer un resumen de sí mismo, reconoció que había sido -por dos veces- un mal esposo. A Daisy, su primera esposa, la había tratado miserablemente. Madeleine, su segunda mujer, había intentado manejarlo. Para su hijo y su hija era un padre cariñoso pero malo. Y para sus propios padres, fue un hijo desagradecido. Para su país, era un ciudadano indiferente. A sus hermanos y a su hermana los trataba con afecto pero se mantenía muy apartado de ellos. Para sus amigos, era un egoísta. En cuanto al amor, era un perezoso. En cuanto a la brillantez, era un hombre apagado. Ante el poder, pasivo. Y respecto a su propia alma, tomaba una actitud evasiva.
Como persona de tendencias irregulares, practicaba el arte de describir círculos sobre los hechos aislados para dejarse caer luego sobre las cosas esenciales.
Temía a la intensidad de los sentimientos, con la que habría de enfrentarse cuando ya no pudiese contar con sus excentricidades para olvidar."
viernes, 2 de marzo de 2012
Es la luz de Enrique
Lo dicen los Cuatro Evangelistas: "Se ha producido un nuevo milagro en el Refugio Antiaéreo. Se desconoce el origen de tan cegador destello."
jueves, 23 de febrero de 2012
La mirada del otro
No deseamos que nuestra intimidad quede retratada en paños menores, y es lícito defender aquello que nos pertenece.
Pero, a veces, unos ojos ajenos y perturbadores son necesarios para hacernos ver que el contenido es más valioso que el continente.
sábado, 18 de febrero de 2012
Toxicosmos o lo que la verdad esconde
Mucho cuidado con lo que piensas, ten mucho cuidado con lo que dices y con lo que haces, no vaya a ser que la verdad te sorprenda y vomite todas las miserias que acompañan a la condición humana.
Intentar descifrar la verdad en un mundo podrido de gente nociva significa quedarse sólo. No interesa que se hurgue en los sórdidos asuntos que disfrazan la realidad. Te convertirás en un sujeto incómodo.
La verdad es escurridiza, no se deja ver fácilmente porque se ha vuelto desconfiada, harta de que tanta boca embustera desprestigie su nombre. Ha echado la llave y no quiere saber nada del género bobo, es casi inaccesible, y para dar con ella hay que pagar un precio muy alto. Suele ser discreta, no pregona que es especial hasta que le dedicas tiempo, hasta que le tomas afecto. Entonces te revela su importancia, tristemente menguante en estos tiempos.
Recientemente he releído un librito de Nietzsche en el que, entre otras cosas, viene a decir que el hombre prefiere que le manipulen, que le engañen, antes que una verdad le perjudique y le saque los colores.
El intelecto humano se desenvuelve bien fingiendo. ¡Menudo desperdicio!
Buscando la verdad, Nietzsche se topó con el hombre y sus mentiras. No me extraña que se desilusionara y enloqueciera.
"El hombre necesita la verdad,un mundo que no se contradiga,que no falsee nada, un mundo-verdad…"Friedrich Nietzsche
sábado, 11 de febrero de 2012
Madrugones subrepticios
Debo de estar mejorando mi manera de dormir. Cuando desperté nada me dolía y mi cuerpo no estaba entumecido.
Hoy es festivo, y en estos días intento madrugar un poco y preparar la mañana. Necesito que mis reflexiones se empapen de silencio antes de que el mundo se incline por el bullicio.
Blackbird duerme, por lo que trato de ser sigiloso en la penumbra. Palpo con sumo cuidado la mesita de noche con el fin de toparme con las gafas sin dejar una huella digital en los cristales. Sería una forma desastrosa de empezar el día.
Salgo de la habitación, entro en el lavabo y compruebo en el espejo que la noche ha sido traviesa con mi pelo, pues está apuntando hacia direcciones inverosímiles. Postergo la micción por culpa de un endurecimiento no deseado que me impide afinar la puntería con garantías hacia el interior del inodoro.
Lo primero que haces por la mañana puede condicionarte el resto del día. Yo me bebo un vaso de agua. Como una especie de bautismo interior.
Soy de los que utilizan el pequeño utensilio circular y agujereado que sirve para prensar el café en la cafetera. Mientras la vitro trabaja a ritmo lento me dedico a esperar el gran momento: aquél en el que la cafetera empieza a moquear y jadear.
En los días festivos mis movimientos son deliberadamente pausados, como si retase a duelo a las prisas y ritmos vertiginosos de la vida cotidiana. Permanezco en la cocina sentado en el taburete orientado hacia la ventana, oliendo y recreándome en el café, a la vez que observo la quietud del patio a través de los huecos de la cortina laminada. Ése es uno de los mejores momentos del día: el café y yo, envueltos por mis pensamientos.
Asimilada la droga, ya estoy listo para una ducha reparadora. Adoro el invierno y el zumbido del calefactor en el baño. Miro hacia abajo y la flacidez me recuerda que ya puedo vaciar la vejiga sin temor a fallar. Debajo del chorro de agua caliente mi mente es capaz de evadirse en la más singular de las cavilaciones: hoy decido que el abedul y el cinamomo son mis árboles preferidos. Desconozco sus diferentes características, si sus hojas son perennes o deciduas. Pero sus nombres son preciosos. Y con eso me vale.
Ya ha pasado más de tres cuartos de hora y puedo atestiguar que ha merecido la pena. Y todavía dispongo de tiempo para acomodarme en el sofá, con forma de pieza de tetris, a disfrutar de mi última adquisición novelada: un libro que me da lo buenos días cada vez que lo abro y donde las pequeñas tareas rutinarias y domésticas se convierten en algo apasionante.
Un ruido conocido al otro extremo del pasillo me hace levantar la vista. El reloj marca las diez y veintisiete, la hora en la que Blackbird se despereza y comienza a extender sus alas. Las mismas que me sacan de mi ensimismamiento.
miércoles, 1 de febrero de 2012
El corte de UCLA
Trato de recomponer mi historia, de dónde vine y en lo que me convertí.
Era el capitán del Pequod, auténtica osadía y pura pasión. Era la mujer con el largo vestido blanco, era la novia, a la que todos miran. Era bebedor de vino de color rojo sangre. Era la sustancia de la que está hecho un poema.
Era la chispa, hoy soy el fósforo que se consume. Era una ingenua ignorancia, ahora escojo no saber como herramienta de supervivencia. De niño tuve forma de pupitre desordenado, de adulto soy el maestro que penaliza la rebeldía.
El miedo hizo de mí recluta ejemplar, el miedo ha hecho de mí un sí a todo, un docto en la obediencia. Era el sexo sin freno, un sábado por la noche. Cabecear delante del televisor, tras una jornada laboral sin fin, es lo que hoy me determina. En la víspera fui dueño de mi tiempo; en la aurora, como Gregor Samsa, despierto siendo un bicho raro, encorsetado por un cuerpo quejoso.
Era el escolta, el guitarra solista. Al que buscaban cuando el partido no se define. El que se jugaba el último lanzamiento, el que encestaba para ganar. En la victoria era la bacanal de Roma, era yugoslavo; en la derrota soy el amante, que solo y apenado confía en una próxima cita. Era el partido, ahora sólo entrenamiento.
Desubicado y necesitado de conversaciones sugerentes, el tiempo me hizo un experto, un experto en ver pasar el tiempo.
En mis sueños aún ejerzo de escolta, en mi realidad descanso en el banquillo.
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