Un recóndito y estrecho lugar donde los diagnósticos del Doctor Robert campan a sus anchas. Pasen y lean con que ojo clínico disecciona el mundo pagado de sí mismo. Y si no se quieren pasar, de todas formas lean. Lo del 27 es un asunto personal que viene de muy lejos entre el número y el facultativo.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Desaparezca aquí
Da rabia comprobar que has llegado 20 años tarde a la lectura de una novela.
Menos que cero (1985, el título está inspirado en una canción de Elvis Costello) es el primer libro de Bret Easton Ellis y se convirtió en una obra de culto, buque insignia de la conocida como generación MTV. El autor de American Psycho narra, con un estilo directo y escalofriante, las peripecias de un grupo de adolescentes ricos y a la deriva en los años ochenta, donde cada joven tiene su propio camello, en una sociedad que mide las emociones en fajos de billetes. La frialdad de Clay, el protagonista, resulta estremecedora: "No hay nada que me haga feliz. No hay nada que me guste. No quiero que me importe nada. Si me importan las cosas es peor, es sólo otra cosa más de la que preocuparse. Es menos doloroso si no te importa nada".
"Desaparezca aquí", expresión que el protagonista lee en un tablón de anuncios y que se repite en su mente como un mantra a lo largo de la novela y que Nacho Vegas, nuestro Dylan ¿o nuestro Cohen?, adoptó para titular unos de sus discos.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Estafados por la vida
La vida de cada uno, que está hecha de decisiones diarias, suele ser un proyecto en la juventud y una pieza que no encaja en el puzzle que es la madurez.
¿Qué es la vida? No es lo que esperaba.
Willy Loman como símbolo de la tragedia del hombre corriente en una sociedad que lo aniquila. ¿Cómo reconocer a los Willy Loman? Es muy fácil. Son aquellos que cuando terminan de pagar el coche, se les estropea. Aquellos que trabajan durante toda la vida para pagar una casa, y cuando por fin es suya no queda nadie para vivir en ella. Aquellos como tú y yo. Porque la vida consiste en ir perdiendo cosas. Siempre es así.
"El que siga habiendo tantos Willy en el mundo se debe a que el hombre se supedita a las imperiosas necesidades de la sociedad y se anula como individuo" Arthur Miller.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Románticos, muy a su pesar
Nunca saldrán reflejados en listas. Nadie se acuerda de ellos, son los grandes olvidados.
Pero si tienes la inmensa fortuna de sumergirte en las aguas densas y oscuras de "Born Sandy Devotional" (1986) no podrás comprender el desagravio hacia uno de los mejores grupos de los años ochenta. Un disco que ahonda en la verdadera naturaleza del amor no correspondido. Un auténtico drama romántico. A Beethoven le hubiese encantado.
The Triffids, liderados por el enigmático David Mc.Comb, nunca tuvieron suerte. Siempre a la cola de la memoria colectiva, que engrandecía a sus compatriotas Nick Cave y The Go-Betweens, pero a la cabeza en los miles de corazones rotos y solitarios. Y en el mío.
http://www.youtube.com/watch?v=FSMF3h7LE2Q
jueves, 21 de octubre de 2010
Yo también soy berlinés
Ostalgie es un concepto que describe la creciente melancolía que se está apoderando de muchos ciudadanos de la extinta República Democrática Alemana. 20 años después de la proclamación de la reunificación alemana, los ossies -alemanes que nacieron en el este- opinan que se vivía mejor antes de la discutible reunificación, cuando les obligaron a mezclarse con sus vecinos occidentales, los wessies.
Una encuesta reciente demuestra que únicamente una minoría de los que fueran habitantes de la RDA se sienten ciudadanos plenos de la nueva Alemania. Las causas son económicas pero también sociales. La parte oriental sigue siendo la pobre, con el doble de paro y la mitad del PIB que su vecina rica. Eso explica el éxodo masivo de los ossies hacia el oeste buscando mejores oportunidades laborales. Una vez allí surgen los problemas de convivencia. Los ciudadanos que vienen del este son tratados como inmigrantes dentro de su propio país. Incluso hay quien habla de xenofobia. Ya se sabe, el pobre siempre molesta.
"Ich bin ein Berliner" (Yo también soy berlinés) dijo en 1963 Kennedy. Quizás si lo hubiese dicho uno de Munich tendría más valor.
La caída del muro de Berlín parece que fue una cosa buena. Daba grima ver ese símbolo arcaico de la guerra fría en una ciudad tan bonita. Pero la reunificación parece ser que ha sido y está siendo otra cuestión. El muro sigue instalado en muchas mentes.
viernes, 15 de octubre de 2010
El gran carnaval
Cuando los 33 mineros recién rescatados de las entrañas de la tierra sean conscientes de la repercusión mediática que ha supuesto su sufrimiento, fliparán. Algunos aprovecharán el tirón y se harán estrellas televisivas, exponiéndose, claro está, a las directrices de este monstruo contemporáneo en que se ha convertido la televisión, hambrienta de personajes indefensos pero potenciales subidores de audiencia. Otros, los más sensatos, echarán pestes de su no deseada reciente fama y quizás acaben deseando volver a las profundidades. No les dejarán.
Cuando sucedió el accidente que ha tenido a estos hombres más de dos meses bajo tierra inmediatamente me vino a la cabeza El Gran Carnaval, película de los años 50 dirigida por Dios, es decir Billy Wilder, en la que retrata, con su mezcla de humor y tragedia, los peligros de una prensa sin escrúpulos cuando un minero indio queda atrapado en el subsuelo y un periodista hambriento de fama ve en el suceso la oportunidad de escalar en su profesión.
Mi enhorabuena y mi pésame a estos mineros. Bienvenidos a un nuevo mundo.
"El gran carnaval era una película muy buena; el argumento tenía fuerza y estaba bien trabajado. Pero la gente no quería saber; la gente no quiere que le cuenten que si hay un accidente en la calle y hay un herido grave, antes de ir a avisar a un médico, se quedan contemplando con curiosidad morbosa la tragedia. Eso es lo que había en la película: el circo, la música, la gente emborrachándose y pasándoselo bien... Diría que no es un tema fácil de digerir, la gente se sentía un poco culpable". Billy Wilder
sábado, 9 de octubre de 2010
Pequeños inconvenientes de la vida humana II
Cuando llegué a casa me encerré a oscuras en mi habitación y me aislé del mundo en una escena que, por desgracia, se iba a convertir en rutina.
Al cabo de dos horas el intenso dolor remitió, pero no por mucho tiempo. Tenía nueve años y creía que nada volvería a ser lo mismo. Con el tiempo comprendí lo que me estaba pasando. Iba a tener que adaptarme a convivir con el dolor.
Cuando llegó la siguiente oleada de dolor no la sentí como tal, sino como miedo a lo que vendría después. Horas oscuras en solitario, drogado con pastillas y suplicando porque no hubiesen obras en la calle.
Debe resultar muy duro para una madre escuchar de su hijo que prefiere morir antes que sufrir ese calvario. Pero ella nada podía hacer. Sólo preparar infusiones.
Cuando sufría los ataques sentía que mi vida se ralentizaba. Mis movimientos se volvían más pausados. Apenas podía agacharme para atar los cordones. También comprobé que mis oídos se agudizaban. Oía los pasos de las palomas sobre la repisa de la ventana, las voces de los niños jugando no parecían de niños. Lo oía todo. Y todo me molestaba.
Durante los casi tres meses que duraron los dolores visité varios hospitales e incluso un psiquiátrico. Los médicos me diagnosticaron que sufría migraña oftalmopléjica, una de las más agresivas, y que poco se podía hacer. Seguir con las pastillas, las infusiones y el silencio. Evitar el chocolate, los frutos secos y el embutido. Y esperar a que me convertiera en adulto porque existían muchas posibilidades de que los dolores fuesen más leves.
Por fortuna eso fue lo que ocurrió.
domingo, 3 de octubre de 2010
El esfuerzo de Fidípedes
Al soldado Fidípedes, o Filípedes, le ordenaron que corriese para comunicar que habían ganado. Lo hizo y después de recorrer unos 40 Km, la distancia que separa Marathon de Atenas, llegó, gritó victoria (niké en griego, ¿el primer acto publicitario?), y murió. Y así se convirtió en héroe. El resto es historia. Después de 2500 años se continúa celebrando una carrera para conmemorar la gesta de aquel hombre. Pero correr, ¿para qué? ¿Para demostrar qué y a quién?."Entonces, cuando Persia fue polvo, todos gritaron: "¡A la Acrópolis!
¡Corre, Filípides, una carrera más! ¡Tendrás tu recompensa!
Atenas se ha salvado gracias a Pan. ¡Ve y grítalo!" Arrojó él su escudo,
corrió otra vez como una saeta; y toda la extensión entre el campo de hinojo
y Atenas de nuevo fue rastrojos, un campo que recorría una saeta,
hasta que él anunció: "¡Regocijaos, hemos vencido!" Como vino que se filtra en arcilla,
la felicidad que fluía por su sangre le hizo estallar el corazón: ¡el éxtasis!"
Y después de 2500 años seguimos corriendo, unos pocos por placer y otros muchos porque alguien se lo ordena. Ahora ya no hablo de deporte, aunque es una excusa muy buena porque implica espíritu de sacrificio y superación. Tendríamos que ser conscientes de nuestra libertad en cada uno de nuestros actos. Ser libres para poder decidir: ahora me paro, me siento y me lo miro tranquilo. Si el dolor es inevitable, el sufrimiento debería ser opcional. La vida no se habría de tomar como una carrera.
El de la foto es Emil Zátopek, atleta checoslovaco apodado la locomotora humana que en Helsinki 1952 fue campeón olímpico de 5000 m., 10000 m. y maratón. ¡Qué tío!
domingo, 26 de septiembre de 2010
Reflexiones viajeras
Existen lugares en el mundo a los que sabes que, tarde o temprano, acudirás. Porque a pesar de la distancia ese lugar te resulta cercano y conocido. Porque se puede sentir nostalgia de un lugar en el que nunca se ha estado. Pero ese viaje lo vas posponiendo. Nunca encuentras el momento adecuado, quizás por temor a lo impactante que puede llegar a ser la experiencia.
En nuestro paseo por una parte de lo que fue la antigua Yugoslavia, Blackbird y yo pudimos comprobar los destrozos de una guerra absurda, contemplamos paisajes y monumentos preciosos. Pero, sobretodo, conocimos a una gente maravillosa, dispuesta a ayudar y siempre con una sonrisa en sus caras.
Hay viajes que marcan porque superan las expectativas, y éste ha puesto, en ocasiones, en jaque mis sentimientos y emociones y ha acabado siendo un viaje al fondo de mí mismo.
Y puedo decir que, después de haber estado allí, todavía siento nostalgia. Algo de mí se quedó en los Balcanes. Algo mío se quedó en un museo croata.
martes, 7 de septiembre de 2010
Epifanía indie
Yo La Tengo "And Then Nothing Turned Itself Inside-Out"
Hay momentos en la vida del melómano en el que las canciones ya no pueden separarse de la propia experiencia y parece que se filtren hacia las profundidades de tu mente. Cuando eso ocurre, esa canción se va a quedar ahí para siempre. Y saldrá a la superfície cuando menos te lo esperes, recordándote un amor, un olor, una sonrisa, una lágrima.
En mi ADN musical las canciones de Yo La Tengo ocupan un lugar preferente y lo comenzaron a hacer gracias a este disco del año 2000 donde los de Hoboken (Nueva Jersey) se desmarcan un poco del sonido más enérgico de sus anteriores trabajos y se vuelven más reposados e intimistas sin renunciar a sus ya famosos chispazos eléctricos.
Hace 25 años que Yo La Tengo hacen canciones. Y hace diez que no dejan de emocionarme.
http://www.youtube.com/watch?v=xJAXG6n3jPw
jueves, 2 de septiembre de 2010
Éramos jóvenes y despreocupados
Pero en julio nos plantábamos enfrente del televisor. Para emocionarnos con las hazañas de nuestros héroes. Nos gustaba el ciclismo. El bueno. El de antes. No la pantomima de ahora. Esperábamos con ansiedad la llegada del avituallamiento porque sabíamos que el ciclista bohemio, el profesor, tenía preparada una emboscada. "Con un rival no se pacta, se pelea".
El ciclismo es eso. Seguir pedaleando cuando se ha perdido el resuello. Porque en la vida hay que seguir pedaleando.
El sufrimiento en el ciclismo es un concepto muy romántico. No importa si estás en cabeza o descolgado, si sufres para ganar o para no perder diez minutos. Todos los ciclistas saben sufrir. No necesitan pinganillos.
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